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  • José Carlos Vásquez Silva, @jcvasquezs

Desarrollo, educación, corrupción y pandemia

Relación entre desarrollo y educación.


¿Qué es el desarrollo? Un marco conceptual.


En el documento “Génesis y evolución del concepto y enfoques del desarrollo”, Valcarcel (2006) afirma que la discusión sobre este asunto ha transitado desde la llamada teoría del desarrollo, hasta puntos de vista más integrales y humanistas. La teoría del desarrollo se refiere a dos enfoques: Modernización y Dependencia, según el primero – surgido después de la segunda guerra mundial – los países del Tercer Mundo deben aspirar a un estado de desarrollo y seguir una ruta similar a la de los países del Primer Mundo, es decir, hacer crecer su Producto Bruto Interno a través de la industrialización, la tecnificación de la agricultura y la elevación de la productividad; en Latinoamérica no funcionó. En los 60 las brechas entre países desarrollados y subdesarrollados ya eran muy grandes. Ideas revolucionarias, en particular desde Cuba, adquieren fuerza y surge el enfoque de la Dependencia, cuyo planteamiento clave dice que desarrollo y subdesarrollo son caras de una misma moneda, y así, existen países centrales que poseen la industria, países periféricos que proveen materias primas y un intercambio económico desigual entre ambos. La única manera de lograr el bienestar seria hacer cambios estructurales. En los años 80, ante la caída del muro de Berlín y el nuevo rol de China en la economía mundial, este enfoque se debilitó.


En los años 70 surgen las aproximaciones ambientalistas, impulsadas por la constatación de que el modelo de desarrollo que prioriza la acumulación de capital, en desmedro del medio ambiente, está poniendo en peligro a la humanidad. Surge así el concepto de desarrollo sostenido, que dice: no puede haber desarrollo si no se conservan los recursos naturales; más adelante, se incorpora la idea de satisfacer las necesidades hoy, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades, nace el desarrollo sostenible. El concepto de desarrollo sostenible es ampliamente aceptado por la comunidad internacional. En 1992 se llevó a cabo la “Cumbre de la Tierra” que dio lugar a la Agenda 21, los países desarrollados asumen el compromiso de proveer fondos, para que los países pobres protejan el medio ambiente. Sin embargo, éste y otros acuerdos se cumplen solo parcialmente.


En los 80, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial ejercen un rol determinante en la política económica de los países subdesarrollados. El crecimiento económico es prioritario y el Consenso de Washington fue la base para la aplicación de drásticas medidas de ajuste económico estructural, que tuvieron un alto costo social. En la misma década, surge el enfoque de capacidades, propuesto inicialmente por Amartya Sen, plantea que el desarrollo se da cuando las personas gozan de la capacidad para elegir libremente lo que pueden hacer con los bienes y servicios que son producto del crecimiento económico, retomando en parte, los enfoques de necesidades básicas y desarrollo a escala humana de finales de los 70, que no tuvieron mucha repercusión en esa oportunidad. En los 90, Naciones Unidas propone el enfoque de desarrollo humano, según el cual, el desarrollo es un proceso que amplía las oportunidades de los individuos, para gozar de una vida prolongada y saludable, del acceso a la educación y de una vida decente.


En este siglo cobran importancia enfoques como el territorial que prioriza la identidad, la cultura, la institucionalidad y los lazos sociales de las colectividades en el lugar que habitan. También tenemos el posdesarrollo, que niega la posibilidad de un modelo de desarrollo único, pues la cultura propia de cada sociedad es determinante. Miradas más recientes del desarrollo, están centradas en el problema de la desigualdad, por ejemplo, la del socialismo participativo de Thomas Pikkety, que propone limitar la acumulación de riqueza.


Esta breve revisión del concepto de desarrollo da cuenta de su carácter multidimensional, sus dimensiones: económica, humana, ambiental, social y cultural afectan a las personas a nivel individual, familiar y comunitario. Se trata además de un concepto complejo, que a lo largo de los años adquiere mayor consenso e involucra a más actores de la comunidad global, hasta llegar a acuerdos como la Agenda 2030, cuyas prioridades seguramente será necesario revisar a medida que la humanidad atraviesa la grave crisis ocasionada por la pandemia. Por otro lado, cada sociedad, debería traducir el desarrollo en sus propios términos y alcanzar sus propios consensos, sobre todo en el caso de países tan diversos y desiguales como Perú.


¿Cuándo se considera desarrollada una sociedad?


De acuerdo con el enfoque de desarrollo humano, una sociedad desarrollada sería aquella en la que todos sus miembros alcanzan una vida plena y tienen libertad para hacer sus propias elecciones, disfrutar una vida larga y saludable, tener una buena educación y una vida decente. Este estado de desarrollo debería ser sostenible, es decir, no afectar la posibilidad de que las siguientes generaciones puedan también disfrutarlo. El enfoque territorial, incorpora la dimensión del espacio geográfico donde se dan los lazos sociales y los miembros de la sociedad construyen su propia cultura y sentido de la vida plena, visto así, hay características particulares de cada sociedad que determinan las características de su desarrollo. Esta dimensión local, debería guardar relación con la dimensión global, que viene determinada por la alta interdependencia de las economías globales y que en un mundo ideal y desarrollado permitiría que el intercambio comercial y la interacción política y social se de en condiciones de mutuo respeto y equidad.


La Agenda 2030, es un acuerdo multilateral que moviliza a la cooperación internacional, las políticas públicas y a diversos actores de la sociedad de cada país miembro para “poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad”. Esta agenda podría ser insuficiente, dado que no toma en cuenta aspectos cruciales para entender el desarrollo de cada sociedad, como el valor de las culturas locales y su historia y no hace suficiente énfasis en la importancia de desarrollar las capacidades para producir conocimientos y avances científicos en cada país. Sin embargo, esto parece estar cambiando, ante el escenario de total incertidumbre que vivimos hoy, Naciones Unidas ha emitido un mensaje denominado La Gran Transformación, y entre sus ideas clave dice: “… reconocemos que nuestra capacidad de hacer realidad un futuro nuevo dependerá de que reevaluemos el pasado y aceptemos que existen paradigmas que perpetúan las desigualdades estructurales, sobre la base de un replanteo de las raíces coloniales del proyecto de desarrollo.”


¿Cómo contribuye la educación al desarrollo?


Como se describe ampliamente en el documento El desarrollo sostenible empieza por la educación publicado por UNESCO en 2014, la educación aporta en forma directa y medible a la consecución de varios objetivos de desarrollo. El rol de la educación en la sociedad ha evolucionado a la par de los enfoques de desarrollo, la modernización requería alfabetizar a las personas para su incorporación eficiente en la industria; ahora, la visión más amplia de desarrollo humano promueve una educación para el disfrute de una vida plena. En Perú, el Proyecto Educativo Nacional, es un esfuerzo loable de síntesis de la visión de sociedad a la que los peruanos aspiramos a través de la educación, sin embargo, al ser ésta inequitativa y de baja calidad, resulta en una traba al desarrollo y en un mecanismo para consolidar la desigualdad, la segregación y la pobreza.


Situación de desarrollo del país: problemas estructurales, procesos sociales de cambio


Situación de desarrollo del país


El proceso social peruano se sustenta en un “sistema de la violencia” con cuatro rasgos: desigual distribución de la riqueza, racismo y marginación cultural, autoritarismo y subordinación, y machismo (Vegas, 2021). A diferencia de hace 50 años, cuando el sistema de la violencia se consideraba legítimo, la sociedad de hoy lo condena; situaciones como el castigo infantil o el abuso contra la mujer, antes normales, hoy son intolerables y merecen castigo. Aun así, estos males persisten y están lejos de ser erradicados. Los procesos que han contribuido a estos cambios son: la modernización y progreso, que se expresa en una aspiración generalizada de movilidad social y crecimiento; la urbanización de la sociedad, que contribuye a la construcción de un nuevo tipo de identidad nacional-popular; la educación, a la que acceden la mayoría de niños y jóvenes, pero que no tiene la calidad que se necesita; los medios de comunicación, que promueven nuevos modelos de comportamiento, de consumo y manipulan a quienes no han desarrollado el pensamiento crítico que les permita ejercer libremente los aspectos de su ciudadanía que derivan del acceso y buen uso de la información.


El Perú vivió entre 2004 y 2016, 12 años de crecimiento económico acompañado de una reducción de la pobreza monetaria que pasó del 56% al 21% y en el caso de la pobreza extrema de 16% a 4% (Trivelli y Urrutia, 2018). Sin embargo, la mayor parte de los trabajadores están en condición de subempleo y ante cualquier eventualidad económica, lo más probable es que se conviertan en desempleados y vuelvan a la pobreza, como ha quedado demostrado con el crecimiento de 9.9% en el indicador de pobreza monetaria que alcanzó el 30.1% a finales del 2020 (INEI, 2020), en un estado de crisis sanitaria, económica y política.


Según la OCDE, el subempleo se puede atribuir a las complejas y engorrosas regulaciones laborales, los altos costos no salariales para las empresas y a las deficiencias educativas. Por otro lado, y también asociado a la educación deficiente, el país tiene un bajo nivel de productividad, casi la mitad de los trabajadores participan en los sectores menos productivos: el agrícola y el de hostelería y comercio (OCDE, 2015). Por otro lado, el crecimiento económico, aunque contribuye a reducir la pobreza monetaria, no resuelve la desigualdad. El índice GINI para Perú era de 0.45 en 2018, el 10% de la población más pobre participó de apenas el 1.9% del ingreso, mientras que el 10% más rico participó del 31.1%.

Tendencias de futuro.


En un escenario ideal del futuro, Perú habría alcanzado un nivel razonable de cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible de la Agenda 2030, como ocurrió en su momento, con varios de los Objetivos del Milenio (PNUD, 2015). De igual manera, alcanzar en quince años la visión que se establece en el Proyecto Educativo Nacional al 2036, equivaldría a alcanzar un estatus de desarrollo conceptualizado a partir del consenso de los miles de peruanos que contribuyeron a su formulación : “Todas las personas en el Perú aprendemos, nos desarrollamos y prosperamos a lo largo de nuestras vidas, ejerciendo responsablemente nuestra libertad para construir proyectos personales y colectivos, conviviendo y dialogando intergeneracional e interculturalmente, en una sociedad democrática, equitativa, igualitaria e inclusiva, que respeta y valora la diversidad en todas sus expresiones y asegura la sostenibilidad ambiental” (CNE, 2020). Sin embargo, hoy vivimos una de las peores crisis de nuestra historia, las debilidades estructurales del país, subestimadas durante años por los indicadores de crecimiento macroeconómicos, han quedado en evidencia.


El camino al desarrollo en el Perú pasa por desbaratar el sistema de la violencia sobre el que se asienta el proceso social peruano. Uno de sus rasgos, el autoritarismo y subordinación, está estrechamente vinculado al aprovechamiento de las posiciones de poder en beneficio personal y su ocupación a cambio de favores, es decir, el patronazgo y clientelismo que trastocan el bien público a favor del interés privado. La corrupción, es una de las principales razones que obstaculizan el camino del desarrollo. Quiroz (2013) estima el costo de la corrupción por periodo de gobierno, la década del 90 correspondiente a los gobiernos consecutivos de Alberto Fujimori habría costado al país el 50% del gasto público y 4.5% del PBI, y en el aspecto institucional significó la captura depredadora de las instituciones del Estado, presidencialismo, abusos encubiertos, reformas económicas distorsionadas, daños a las Fuerzas Armadas entre otros.


El sector educación también está también muy afectado por la corrupción en una amplia variedad de aspectos y niveles, por ejemplo, Guadalupe (2019) refiere que la contratación de maestros en el sector público desde mediados de los 80 es independiente respecto de la dinámica de las matrículas, dando lugar a un extenso clientelismo en la asignación de plazas. Por su parte, la Defensoría del Pueblo (2009) en un informe que contiene aportes para una educación sin corrupción declara: “En un sistema educativo corrupto, los estudiantes no adquieren las aptitudes y conocimientos que les permitirían contribuir significativamente a la economía y a la sociedad de su país, debido a que desde una temprana edad aprenden que la falta de integridad es un estilo de vida aceptable, lo que fomenta que estos valores se conviertan en la norma dentro de la sociedad.”


En 2006, la Defensoría del Pueblo y el capítulo peruano de Transparencia Internacional, llevaron a cabo una experiencia anticorrupción en el sector educativo en las regiones Ayacucho, Cajamarca, Huancavelica, Junín y Lambayeque. Obtuvieron varios hallazgos: identificación de la naturaleza de los casos más recurrentes, verificación de riesgos objetivos de corrupción, desarticulación y desorden del sistema educativo para enfrentar la corrupción, desinformación y temor de la población para denunciar a los actores corruptos.


Un sistema educativo corrupto es un gran obstáculo para el desarrollo. Lo que proponemos en este ensayo es que reduciendo al mínimo y sancionando los actos de corrupción en el sector educación, ocurrirían mejoras significativas en el mejor servicio educativo y en consecuencia mejores resultados. Contribuyendo así al desarrollo del país en varias dimensiones, incluso en la reducción de la corrupción en todos los sectores, gracias a contar con ciudadanos mejor preparados para ejercer su ciudadanía a plenitud.


Desafíos y lecciones que surgen del contexto de pandemia para una educación que contribuya al desarrollo humano


Pandemia: reto y posibilidad


La pandemia ha desnudado y agravado una situación de crisis que ya vivíamos. El modelo económico, que produjo crecimiento macroeconómico durante más de 12 años solo sirvió, como afirma Chirif (2020) para incrementar la riqueza de muy pocos y no ha servido para generar bienestar de la sociedad en su conjunto. Aún, en medio de la situación más grave de nuestra historia, cuando tocaría que el poder político y económico esté a la altura del reto histórico de sacar al país del hoyo, los hechos de corrupción siguen ocurriendo en todos los niveles e incluso quienes ocupan los principales cargos públicos se aprovechan de su situación para sacar ventaja en desmedro de quienes los eligieron.


Por otro lado, la pandemia, ha impulsado transformaciones profundas, algunas de ellas esperadas desde hace varios años. En educación, por ejemplo: la revisión de los contenidos curriculares para optimizar y priorizar aspectos más relevantes, el impulso al desarrollo de autonomía por parte de los estudiantes, certeza en la importancia de proteger el espacio físico de la escuela como lugar donde se dan los aspectos sociales del aprendizaje pero claramente no el único lugar donde se aprende de manera formal y significativa, la participación más significativa de los medios en la difusión masiva de contenidos educativos, el impulso al cierre de las brechas digitales, el impulso a los despliegues de infraestructura que permitan el acceso a internet en los lugares más alejados y agrestes del territorio, la digitalización de varios procesos pedagógicos y administrativos, el vuelco de los docentes hacia el desarrollo de su competencia digital y la producción de contenidos digitales.


Aunque será necesario un gran esfuerzo, para superar graves retrocesos y pérdidas; estamos también a las puertas de un nuevo comienzo en Educación.


Educación: una respuesta para enfrentar los retos de la pandemia


Como afirma Macher (2020), “en el sector educativo fuimos testigos de una búsqueda rápida y comprometida de respuestas creativas e inclusivas para apostar por la enseñanza a distancia y ganar en transparencia”. La digitalización de los procesos pedagógicos y administrativos del sistema educativo también tendrá un impacto positivo en la lucha contra la corrupción del sistema, al reducir focos de posible corrupción mediante la optimización de los procesos, reducción de la intermediación humana y generando trazabilidad. En Perú desde 2018 se cuenta la con Ley de Gobierno Digital que “establece un marco de gobernanza del gobierno digital para la adecuada gestión de la identidad digital, servicios digitales, arquitectura digital, interoperabilidad, seguridad digital y datos, así como el régimen jurídico aplicable al uso transversal de tecnologías digitales en la digitalización de procesos y prestación de servicios digitales por parte de las entidades de la Administración Pública en los tres niveles de gobierno” (Decreto Legislativo Nro. 1412).


Se empieza a clarificar una ruta hacia el desarrollo desde la educación haciéndola menos corrupta, principalmente en sus instancias administrativas, pero también en los actos de enseñanza y aprendizaje. Ya se cuenta con los instrumentos legales, existen las herramientas tecnológicas y la pandemia nos ha movilizado a todos hacia la transformación digital de nuestras interacciones personales, sociales y laborales. Nos toca no perder el impulso, mirar hacia adelante con optimismo y crear otra vez en nuestra capacidad de construir juntos un mejor país.


Bibliografía


Colmenarejo, R. (2016). Enfoque de capacidades y sostenibilidad. Aportaciones de Amartya Sen y Martha Nussbaum. Ideas y Valores, 65 (160), 121-149.


Valcarcel, M. (2006). Génesis y evolución del concepto y enfoques sobre el desarrollo.

UNESCO (2015). El desarrollo sostenible empieza por la educación.


Piketty, T. (2019). Capital e ideología.


OECD (2015). Caminos del desarrollo. Estudio multidimensional del Perú. Volumen 1. Evaluación inicial.


Vegas, M. (2021). El proceso social peruano. Material del curso Educación y Desarrollo Humano.


Macher, S. (2020). Igualdad Digital. En: 25 ensayos desde la pandemia para imaginar el Perú Bicentenario.


Chirif, S. (2020). El virus que desnuda. En: 25 ensayos desde la pandemia para imaginar el Perú Bicentenario.


Comisión internacional sobre los Futuros de la Educación. (2020). La educación en el mundo tras la COVID: nueve ideas para la acción pública.


Defensoría del Pueblo. (2009). Aportes de la Defensoría del Pueblo para una Educación sin Corrupción.


Consejo Nacional de Educación. (2020). Proyecto Educativo Nacional al 2036.

Guadalupe, C. (2019). Institucionalidad, corrupción y cultura política en el Perú contemporáneo. En: Aproximaciones al Perú de hoy desde las ciencias sociales. Universidad del Pacífico.


CMI Michelsen Institute. (2008). Educación sin corrupción en el Perú: Lecciones desde una intervención combinada entre el estado y la sociedad civil. En http://www.u4.no/themes/education


Quiroz, A. (2019). Historia de la corrupción en Perú. Tercera edición.

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