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  • José Carlos Vásquez Silva

Liberar la innovación educativa

En las circunstancias más complejas, los seres humanos se reinventan. Al buscar soluciones, las ideas fluyen y la necesidad nos obliga a ensayar y ensayar hasta conseguir un mejor estatus. Los docentes también se reinventaron.


Antes de la pandemia, uno de los retos más complejos en el mundo de la educación y tecnología, era la creación de contenido digital educativo por parte de los profesores, hoy se pueden encontrar miles de videos en Youtube producidos desde sus casas por maestros y maestras de todos los niveles; a ello se suman presentaciones, audios, imágenes y otros tipos de contenido que envían por Whatsapp a los padres de sus niños.


Antes, con 30 o 40 estudiantes en el aula y sin los recursos suficientes (incluido el tiempo), la atención personalizada era imposible de gestionar; hoy a través del celular, mediante conversaciones periódicas (cortas y eficientes para cuidar el presupuesto), los profesores han sistematizado el seguimiento uno a uno de cada uno de sus estudiantes.


En algunas localidades, donde las cabezas de familia de la comunidad se reúnen periódicamente para recibir los víveres del programa Qali Warma, los maestros aprovechan esta reunión para hacer llegar a sus estudiantes fichas de trabajo y ofrecer a los padres pautas para guiar el aprendizaje de sus niños. Hay también casos de comunidades educativas y docentes que se han agrupado para contratar servicios de hosting y plataformas LMS y así dinamizar experiencias de aprendizaje más completas. Hay concursos de declamación y de canto vía WhatsApp y clases de yoga vía zoom.


La solidaridad y la innovación se juntan y hacen posible movimientos enormes, como el de la Dirección Regional de Educación de Cajamarca, donde una gestión innovadora logra convocar a más de 250 docentes voluntarios y con el apoyo de la Fundación Telefónica consiguen capacitar a lo largo de 5 meses a más 7 500 profesores en el uso y aprovechamiento pedagógico de recursos digitales, sentando las bases de un modelo de gestión de la formación en servicio que llegará a los 28 000 profesores de la región en los próximos meses.


Los mencionados, son apenas algunos ejemplos de lo que somos capaces de lograr, cuando las circunstancias nos obligan a pensar diferente, a salir de nuestras zonas de confort e innovar. El Ministerio de Educación no debería desaprovechar esta oportunidad. Es urgente promover la autonomía de los maestros, de los directores y de las comunidades educativas, para que se vuelvan a hacer cargo del diseño y desarrollo de las experiencias de aprendizaje de sus estudiantes, para que diseñen las nuevas formas de hacer educación post pandemia, con enfoque territorial y para todos.


En lugar de ejecutar intervenciones directas, el Ministerio debería asumir su rol rector, ofrecer lineamientos y transferir capacidades a las regiones para que formulen y desplieguen sus proyectos educativos regionales. El Estado debería ser un promotor real de la innovación educativa, la que producen los docentes para sus niños, cada día, en cumplimiento de su misión. Ya está pasando, toca darle un mayor impulso, reconocerla y escalarla para que suceda en todos los rincones del país.











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