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  • José Carlos Vásquez Silva, @jcvasquezs

Qué deberíamos seguir haciendo con tecnología al retornar a las aulas

Los años de pandemia y educación remota de emergencia pusieron en la agenda pública las brechas digitales, mismas que afectan en su lado negativo a la mayor parte de nuestra población. La mayoría de los estudiantes de la escuela pública, no pasaron largas y extenuantes jornadas en Zoom y Google Classroom; si viven en zonas con cobertura de internet móvil y cuentan con al menos un celular en casa, lo más probable es que buena parte de su actividad educativa consistiera en descargar el contenido digital que sus profesores seleccionaron o crearon y les enviaron por WhatsApp, en elaborar evidencias de sus actividades de aprendizaje y luego enviarlas a sus profesores por el mismo canal. Entre estas formas de uso y lo que hicieron aquellos que no tuvieron como acceder a conectividad y/o dispositivos digitales, se han generado prácticas inimaginables antes de la pandemia y que hoy podrían ser una oportunidad para que el reinicio de las clases sea también el comienzo de una mejor manera de hacer educación para todos, en todas partes y para toda la vida.


Los estudiantes volverán a clases con niveles dispares en cuanto al desarrollo de sus capacidades. Por otro lado, se necesita hacer un diagnóstico para tener claridad sobre el estatus individual y grupal de cada clase, para esta tarea, será determinante elegir un método que no empeore la delicada situación emocional de los niños y jóvenes. ¿Qué tal si hacemos una evaluación gamificada? hay herramientas como Kahoot o Mentimeter que muchos docentes usaron para animar sus videoconferencias o para enviar actividades interactivas a través de WhatsApp y que podrían también ser utilizadas en un salón de clases o en una sala de cómputo, también aplicaciones educativas, como Oráculo Matemágico, que combina ejercicios de matemática con un juego audiovisual y además permite al docente crear nuevos ejercicios y hacer seguimiento del avance de sus estudiantes.


Continuar y robustecer la práctica de generar evidencias sobre las actividades de aprendizaje por parte de los estudiantes podría ser una de las incorporaciones más importantes de este proceso. Se requiere, por supuesto, que el proceso de elaboración de dichas evidencias sea una oportunidad para poner en práctica las capacidades que se espera desarrollen los estudiantes, que se cuenta con los instrumentos adecuados para evaluar adecuadamente dicho desarrollo (no necesariamente la calidad de los productos), y sobre todo propiciar la reflexión por parte de los estudiantes sobre su propio aprendizaje, al recrear y compartir su experiencia en el proceso de generación de evidencias. Todos estos aspectos implican un esfuerzo de diseño y planificación significativo por parte de los docentes, sin embargo, es razonable pensar que se trata de una meta alcanzable, después de dos años produciendo y consumiendo gran cantidad y variedad de recursos educativos digitales.


Tenemos ahora también la oportunidad de eliminar algunas de las barreras que limitan el acceso de un grupo importante de estudiantes al contenido educativo y a medios que les permitan comunicar sus inquietudes y demostrar sus aprendizajes. Tal es el caso de quienes su lengua materna es diferente del castellano, o de los que tienen alguna discapacidad, o de quienes poseen dificultades de aprendizaje, entre otros que actualmente son víctimas de discriminación. Durante la pandemia, muchos docentes incursionaron en la curación y producción de videos, audios, presentaciones multimedia, textos y otros; toca profundizar en esta práctica y en colaboración con colegas, seguir produciendo materiales cada vez más inclusivos, asumiendo proactivamente y como normal (no excepcional) la diversidad de estudiantes que integran una clase.


Hay otros aspectos, como el fomento de la autonomía en el aprendizaje, el trabajo colaborativo y en proyectos educativos multidisciplinarios, la participación de los padres de familia, el desarrollo de ciudanía digital, el desarrollo de una posición crítica ante la influencia de los medios, el aprendizaje fuera de la escuela, entre otros, que en mayor o menor medida se han puesto en práctica en el contexto de la educación remota en pandemia y conviene rescatar y cultivar para mantener viva la esperanza por una mejor educación, que será el fruto del aporte valiente de todos. Como dice la tesis fundamental del último reporte de UNESCO, Reimaginar Juntos Nuestros Futuros - Un nuevo contrato social para la educación: “a través de millones de actos individuales y colectivos caracterizados por su valentía, liderazgo, resistencia, creatividad y atención, cambiaremos de rumbo y transformaremos el ámbito educativo a fin de forjar futuros justos, equitativos y sostenibles”.

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